SENSORIUM: EXPERIMENTOS PARA TOCAR

Artistas: Mena Guerrero, Jessica Kairé, Camila Fernández, Lourdes de la Riva, Camila Porras-Sáenz

30 DE ABRIL - 8 DE JUNIO 2024

Curaduría de la exposición para el Centro Cultural Municipal AAI en Ciudad de Guatemala.

Producción: David Ramírez Cotón, Renata Álvarez, Djassmin Morales
Fotografía: José Oquendo








SENSORIUM: EXPERIMENTOS PARA TOCAR



El sensorium es el aparato de percepción del cuerpo. Son las partes de la mente que reciben e interpretan los estímulos externos del mundo. Es decir, la manera en la que reconocemos lo que experimentamos. Para esta exposición, cinco artistas han creado un laboratorio de experiencias sensoriales, a manera de manifiesto fenomenológico, para oler, escuchar, probar, ver y tocar.

Cada una de las obras permite al espectador interactuar con ellas, siguiendo las instrucciones colocadas en las salas como manuales para acercarnos a ellas, escritas por las propias artistas.




Mena Guerrero (n. 1996) abre la exposición con una instalación sinestésica entre el olfato y el tacto, permitiendo tocar el olor de las texturas de este jardín. Las pinturas están hechas con pigmentos naturales como carbón, remolacha, cúrcuma, achiote, spirulina y nos abren la puerta a la abstracción de un mundo botánico cargado de nostalgia para la artista. Este es un universo de plantas que están abriéndose y naciendo como criaturas de un lugar misterioso que Guerrero comienza a investigar como imaginario. La pieza revela la nostalgia botánica como la añoranza por nuestra relación con las plantas. En una cotidianidad con cada vez menos espacios para relacionarnos con la naturaleza y donde el ocio es castigado contra la productividad, este es un oasis para conectarnos con aquellos jardines que nos acogen el espíritu desde niños, uniendo el olor de la naturaleza con la memoria a partir de las texturas y los olores de una pintura que transforma la visión y el cuerpo.



Nostalgia botánica I, Mena Guerrero. Instalación: lienzo, metal y pigmentos naturales, 2024.



La exposición no sigue un hilo conceptual a través de una temática, sino que se plantea como un espacio de experimentación e imaginación donde cada artista propone explorar sus propias preocupaciones como una gran conversación con el público. Jessica Kairé (n. 1980) investiga la relación del cuerpo con la arquitectura y los sistemas de poder que imponen estas en el espacio público como los monumentos. Para esta muestra, Kairé nos hace partícipes de su serie de “Degustaciones”, instalaciones in situ creadas como réplicas comestibles, esta vez extrayendo moldes de la fachada, el techo y el interior del Museo de Arte Moderno “Carlos Mérida”,  edificio construído en 1939 para celebrar bailes de la Feria de Noviembre dedicadas al dictador Jorge Ubico. La artista nos invita a comer parte del edificio en que al desmoronarse en la boca se crea una metáfora sobre la precariedad de la conservación del patrimonio y en las memorias históricas y personales que se deshacen con el tiempo. Las piezas comestibles son partes del museo a escala real, y reflexionan también la relación que tiene el cuerpo con la arquitectura y la manera en la que participamos de su deterioro.



Degustación (Museo Nacional de Arte Moderno “Carlos Mérida”, Ciudad de Guatemala), Jessica Kairé. Mesa, papel y fragmentos comestibles (confite de ajonjolí blanco, leche en polvo y aceite vegetal). Conceptualización gastronómica: Jorge Quiñonez. Digitalización y fabricación de moldes 3D: Rocket Warehouse.



Como ejercicio curatorial, una sala de lectura para descansar, senti-pensar y compartir estas reflexiones continúa el recorrido como una pausa entre las sensaciones. En la mesa, distintos libros de la colección de la curadora pueden consultarse para seguir pensando en las condiciones de la exposición y el estado del arte actual.




Camila Fernández (n. 1993) continúa nuestro delirio con artefactos afectivos que activan la escucha y nos obligan a deambular por las estaciones de su instalación. Partiendo de un vivero de emociones, la artista se pregunta por los gestos del cuerpo que se asemejan entre sí y nos pide interactuar con otras formas de vida autónomas como las Tillandsias, plantas que no necesitan tierra para crecer. El juego de sombras, las instalaciones de diferentes materiales y la presencia de algunos personajes nos sumerge a un submundo de confabulaciones donde nuevas relaciones son posibles con el espacio y el movimiento.



Homóptico, ca [omˈopːtiko]. adj. y s. m. Dícese de los movimientos que se ven muy similares pero realizan acciones distintas, Camila Fernández. Instalación: Malla, cable, alambre, Tillandsias juncea, hilo, video, audio, cajas, acrílico sobre canvas.



Lourdes de la Riva (n. 1955) nos permite ser parte de su investigación sobre las termitas, como una manera de hablar del paso del tiempo y de la relación entre ser humano y la naturaleza. La proyección plasma en el papel un video del recorrido de las termitas por libros antiguos, dejando laberintos y túneles en cada hoja. La obra se activa cuando el espectador sigue el trazo de los pequeños animales dibujando en el papel su recorrido, formando abstracciones de mapas orgánicos que sirven como topologías del abandono, la fragilidad, y la impermanencia. Los dibujos no solo son un registro del camino de estos pequeños animales por los libros, sino también un gesto pictórico creado a partir del mundo natural.


Papel y memoria. De la Serie: Los Creadores, Lourdes de la Riva. Obra en colaboración con Claudia Menéndez de la Riva. Instalación de video.



Finalmente Cecilia Porras-Sáenz (b. 1979) crea un escenario inmersivo para experimentar un paisaje mental, abriéndonos un mundo completamente diferente en el que las sensaciones en los pies, la tela sobre el cuerpo y el color sobre la piel nos trasladan a otros sitios de la memoria y la fantasía. Con una serie de preguntas que activan este espacio mental, la artista invita al espectador a recordar orgánicamente sensaciones, nostalgias, sueños, traumas o memorias que cohabitan en este espacio imaginario.



Memoria, Cecilia Porras Sáenz. Instalación. Ambientación sonora: Ángel Romero Mayén



SENSORIUM propone experimentos para tocar y meditaciones sinestésicas. Es un lugar de encuentro y de sensaciones. Cambiamos el lenguaje exclusivamente visual por un lenguaje sensorial, donde las manías corporales se expresan como alucinaciones o ejercicios para desconectarse del mundo real. La exposición investiga distintas materialidades y su relación con el cuerpo, al mismo tiempo que permite conectarse con otros en el espacio. Porque no se puede pensar al cuerpo sin el entorno, y a las imágenes sin el sensorium que las interpreta en un manicomio de ensoñaciones y artefactos para las experiencias de la imaginación o la extrema fantasía de la imagen.

Esta es una terapia para la liberación de los dogmas del arte y las restricciones del cuerpo. Son inventos de libertad creativa para perturbar afectos, esquizofrenias y poéticas que incomodan la pasividad de las manos que quieren sentir, hacer y… TOCAR. ¡Bienvenidos!


-Josseline Pinto
Curadora